Amor


Neon sign reading “Nunca es demasiado tarde para expresar tu amor.”

El amor es algo que llega de diferentes maneras para cada persona. Para algunas personas, el amor es algo que se demuestra a través de los recuerdos y las acciones; para otras, es más difícil expresar ese amor que sienten por sus seres queridos. En mi caso, el amor es algo que nace naturalmente y que, aunque no siempre lo diga seguido, intento recordarles a mis seres queridos que los amo a través de mis palabras, mis acciones, mis sorpresas, mis abrazos e incluso mediante esos pequeños detalles que se convierten en muestras de cariño. Cada gesto, por más simple que sea, puede tener un impacto profundo en la vida de alguien. Quiero que mis amigos y familiares sientan la calidez de mi amor en cada interacción, ya sea en un mensaje de texto, en una llamada inesperada o en un acto de amabilidad. Pero la verdad es que no siempre fui así. No siempre fui tan abierto a la hora de expresar mi amor hacia los demás ni de recordarles constantemente lo importantes que son para mí. Tampoco siempre fui una persona que percibiera fácilmente el afecto de los demás. Sin embargo, con el paso del tiempo, me convertí en una persona a la que algunos han llegado a describir como «sensible» o demasiado emocional. La realidad es que no me considero una persona así. Me considero alguien que no tiene miedo de decir un «te quiero», un «te amo» o incluso de hacer algo diferente, salir de la rutina y buscar nuevas maneras de demostrarles a sus seres queridos que los TQM, como dice la canción. La vida puede ser tan fugaz que cada momento cuenta, y es en esos momentos que encuentro la oportunidad perfecta para expresar todo lo que siento. No le tengo miedo a comprar rosas, preparar sorpresas ni organizar entregas de cosas especiales y llenas de significado, incluso cuando hay horas de distancia de por medio. De igual manera, nunca he tenido miedo de lo que cuesten esos detalles ni me ha importado gastar dinero en ese aspecto, porque considero que hacer este tipo de cosas es una inversión en recuerdos, momentos y experiencias que permanecen con nosotros. Al final, la vida no la tenemos garantizada y nunca sabemos cuánto tiempo nos queda para compartir con las personas que amamos. Por eso, intento recordarme a mí mismo que hay que vivir día a día, aprovechar el tiempo que tenemos y no dejar para mañana aquello que podemos expresar hoy. Recuerdo que antes solía esconder mis sentimientos y no acostumbraba a dar esos recordatorios con mis propias palabras. Mis acciones y mis sacrificios demostraban que amaba a mis seres queridos, pero de mi boca muy pocas veces salía un «te amo» o un «te quiero». De alguna manera, pensaba que mis acciones eran suficientes para demostrar lo que sentía y que las personas que me conocían podían entenderlo sin necesidad de escucharlo de mí. Todo eso cambió cuando mi padre falleció. Ese día recibí un mensaje de texto en mi teléfono en el que él me pedía ayuda. Antes de que la ambulancia se lo llevara al hospital, lo único que me quedó fue poder decirle, por fin, que lo amaba. Durante el trayecto hacia el hospital, muchas cosas pasaban por mi mente, pero la vida me puso en una situación que jamás imaginé vivir. Me tocó estar ahí, en la habitación de urgencias, mientras le brindaban atención médica. Me tocó presenciar su último respiro antes de que me pidieran salir del cuarto para reunirme con mi familia en la sala de consultas. Ese fue el momento en el que aprendí a dejar atrás el miedo y a decirles a mis seres queridos cuánto los quiero. Aprendí a tomarme el tiempo para decirles a mis amigos que estoy orgulloso de ellos, que creo en ellos y que son capaces de salir adelante, incluso cuando la vida se pone difícil. Aprendí a recordarles a las personas más cercanas a mí que las amo, que las quiero y que su presencia en mi vida significa mucho más de lo que a veces puedo explicar con palabras. Aprendí que decirles «te quiero» o «te amo» a tus seres queridos no es una debilidad. Tampoco significa que seas demasiado sensible o emocional. A veces, simplemente es algo que uno aprende a hacer con el tiempo, después de comprender lo importante que es expresar lo que siente mientras todavía tiene la oportunidad de hacerlo. La vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos, y a veces un simple «te quiero» puede convertirse en una de las últimas palabras que lleguemos a decirle a alguien. Otras veces, puede ser precisamente aquello que nos hubiera gustado decir y que, por miedo, vergüenza o falta de costumbre, nunca nos atrevimos a expresar. La vida me enseñó que el amor va mucho más allá de ser un sentimiento que llevamos en nuestros corazones. El amor es algo que también se tiene que decir y expresar, porque, de la misma manera en que nosotros necesitamos sentirlo, hay momentos en los que las personas que amamos también necesitan escucharlo. No siempre sabemos por lo que está pasando alguien, qué batallas está enfrentando en silencio o cuánto puede significar para esa persona escuchar que alguien la ama, que está orgulloso de ella o que cree en su capacidad para seguir adelante. Existen tantas historias de personas que crecieron sin recibir el amor que necesitaban de sus padres, sin escuchar un «te amo» o un «te quiero» de las personas que más significaban para ellas. Sin embargo, también existen historias de quienes decidieron romper esas cadenas y cambiar aquello que conocieron durante su infancia. Personas que aprendieron a demostrarles a sus hijos, esposas, esposos, madres, padres, hermanos, hermanas y demás seres queridos cuánto los aman y cuánto los quieren. Son personas que han aprendido a ser más cariñosas y expresivas, dejando atrás esa rigidez que se ha transmitido de generación en generación. Personas que entendieron que no tienen que repetir las mismas costumbres con las que crecieron y que pueden construir una manera diferente de demostrar amor. Porque el hecho de que una generación no haya acostumbrado a decir «te amo» no significa que las siguientes tengan que vivir de la misma manera. También he visto historias, cuentos y videos en los que se habla de lo amorosos que son algunos abuelos con sus nietos, algo que resulta sorprendente porque nunca fueron así con sus propios hijos. Y eso me enseña que todos podemos cambiar, aprender y convertirnos en personas más expresivas con el amor que sentimos por nuestros seres queridos. A veces, no es que no hayamos tenido amor para dar, sino que nunca aprendimos a demostrarlo de la manera en que los demás podían recibirlo. Todos podemos decirlo con nuestras propias palabras, porque, a veces, eso es precisamente lo que las personas que amamos más desean escuchar. Todos podemos tomarnos un momento para demostrarles cuánto las queremos, ya sea mediante una invitación a comer, unas flores, una llamada inesperada o incluso haciendo algo diferente que nunca antes hayamos hecho por ellas. No siempre se necesita gastar dinero ni preparar algo extraordinario. A veces, el simple hecho de estar presentes, escuchar y hacerle saber a alguien que es importante para nosotros puede significar muchísimo más de lo que imaginamos. Yo aprendí a expresar esta clase de sentimientos y hoy sigo llevándolo en la sangre. También lo hago para nunca olvidar a mis muertitos, porque aprendí que el amor es algo que no se acaba, ni siquiera cuando la muerte nos separa físicamente de las personas que amamos. Sigo llevándoles flores a mis muertos y cuidando las lápidas de aquellos que ya no pueden hacerlo por sí mismos porque ya no están con vida. Lo hago porque, aunque ya no pueda abrazarlos, hablar con ellos o escuchar sus voces, el amor que siento sigue aquí, dentro de mí. La muerte puede llevarse la presencia física de una persona, pero no necesariamente se lleva todo lo que esa persona dejó en nuestro corazón. Hay recuerdos que permanecen, enseñanzas que nos acompañan y sentimientos que continúan vivos incluso cuando ya no podemos compartirlos de la misma manera. Ese amor que existe en mi corazón me ha llevado a convertirme en la persona que soy hoy. Me ha enseñado a no tener miedo de expresar mi cariño, mi orgullo y mis sentimientos hacia los demás. Me ha enseñado que no debo esperar una ocasión especial para decirles a mis seres queridos cuánto significan para mí, porque el simple hecho de tenerlos en mi vida ya es motivo suficiente para recordárselo. Y ¿saben algo? Estoy orgulloso de ser así. Estoy orgulloso de no tener miedo de demostrar lo que siento y de haber aprendido a expresar mi amor sin sentir vergüenza por ello. Porque, aunque algunas personas piensen que lo repito demasiado, yo sigo siendo consciente de que ese «te quiero» o ese «te amo» podría ser lo último que llegue a decirle a esa persona. Ya lo viví y aprendí de mi propia experiencia. Sé lo que se siente enfrentarse a una pérdida y comprender, de un momento a otro, que la vida no siempre nos da el tiempo que creemos tener. Por eso, no me importa que el mundo me vea como un loco, como alguien demasiado sensible o como una persona excesivamente emocional. No me avergüenza amar, no me avergüenza demostrarlo y mucho menos me avergüenza decirlo. Porque, al final, prefiero que alguien piense que digo «te quiero» demasiadas veces a quedarme con las ganas de haberlo dicho una vez más. Así que no, no me detendré de ser quien soy por nada ni por nadie. Si algo me enseñó la vida, es que nunca debemos dar por sentado el tiempo que tenemos con las personas que amamos. Mientras tenga la oportunidad, seguiré diciendo «te quiero», seguiré diciendo «te amo», seguiré demostrando mi cariño y seguiré recordándoles a mis seres queridos lo orgulloso que estoy de ellos. Porque el amor no solamente está para sentirse. También está para compartirse, demostrarse y decirse en voz alta. Y si algún día esas terminan siendo mis últimas palabras para alguien, al menos tendré la tranquilidad de saber que esa persona nunca tuvo que adivinar cuánto la amaba. Hoy, más que nunca, valoro esas pequeñas interacciones cotidianas, los abrazos que están llenos de significado y las palabras que, aunque simples, pueden cambiar el rumbo de un día. El amor tiene el poder de sanar, de cerrar heridas y de transformar vidas. En mi día a día, me esfuerzo por ser un recordatorio constante del poder del amor. Al fin y al cabo, es esa conexión única con los demás la que nos define y le da sentido a nuestra existencia.



El amor tiene que expresarse



Hay silencios que pesan más que el plomo,
miradas que tiemblan en la orilla de un decir,
labios que guardan un río entero
por miedo a que la corriente los arrastre.
Un te quiero no es sólo aire,
es puente tendido sobre la distancia,
es lámpara encendida en la noche
para que el otro sepa volver.
Un te amo es semilla y es raíz,
es promesa que germina en la piel,
es la llave que abre la puerta
donde el corazón se atreve a habitar.
Callarlo es dejar que el invierno
se instale en las manos vacías;
decirlo es encender la hoguera
que nos recuerda que aún somos humanos.

El peso de las palabras